
La criatura era, como ya he dicho, un muchacho
de cabello largo y ondeado... Su rostro era radiante, blanco y perfecto, la
imagen misma de un Dios, de un Cupido pintando por Caravaggio, seductor y
etéreo, con el cabello castaño rojizo y oscuros ojos pardos. Lestat, TVL, pág
293
Y vi su rostro en Notre Dame, juvenil y casi dulce, como el rostro de un antiguo santo de Leonardo da Vinci. Lestat, TVL, pág 370
Imágenes tomadas de otras páginas
|
|
|
